Cinefonía


Antecedentes: BSO

Cuando hablamos de Banda Sonora Original (BSO por sus siglas) hablamos de aquella música tanto vocal como instrumental compuesta expresamente para una película, cumpliendo como función la de reforzar el estímulo de aquellas emociones que ciertas escenas intentan provocar en el público.

Al remontarnos al surgimiento del cine, encontramos que éste en sus inicios era mudo, en aquel entonces el propio público pedía acompañamientos musicales a lo que veía y esto se llevaba a cabo a través de una pequeña banda de música que tocaba en vivo, a la vez que se veía la película, o bien por medio de pianos o gramófonos.

No obstante esta música no tenía la intención de acompañar a la acción de la película, sino que era utilizada para disfrazar, en la medida de lo posible, el ruido que producían las bobinas del cinematógrafo al reproducir las cintas.

Es poco despues cuando se plantea escoger los temas musicales en función de lo que se está viendo en pantalla. Entonces empezó a utilizarse la música de los grandes compositores clásicos como Chopin y Beethoven.

Con la llegada del cine sonoro desapareció este acompañamiento en vivo y comienza a crearse música específica para las películas. Aunque este recurso fue utilizado con reservas en un inicio debido a cierto temor de que el público calificara de inverosímil las producciones por no ver de donde provenía la música que escuchaban.

La solución temporal fue que, si por ejemplo se trataba de una escena romántica y ésta necesitaba música de violín, antes de tomar a los protagonistas, se colocaba en la locación a un violinista, para que apareciera en la toma.

Después productores y directores comenzaron a agregar un poco de música “aquí y allá” para acompañar escenas de amor o secuencias mudas. Y es que a partir de los años treinta, los grandes estudios tenían departamentos musicales completos. Es entonces que en 1933 surge una película que marcaría la pauta a seguir en cuanto a las Bandas Sonoras Originales.

La película en cuestión era King Kong, (1933) en ella Max Steiner; compositor, demostró lo que se podía llegar a hacer con una partitura compuesta especialmente para una película y totalmente sincronizada con la acción de las escenas. Esto convirtió a King Kong del director Merian C. Cooper en una especie de ópera sin cantantes. Hecho que cambió la historia del cine, pues desde entonces las Bandas Sonoras Originales fueron de extrema importancia.

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